El hastío

  Me encuentro hoy con 50 años, tengo una hija de 8, estoy en medio de una situación de vida que voy soportando porque no me queda otra. Vivo con mi hija, el padre de mi hija y mi madrastra; cada día se me hace cada vez más duro y pesado.

No quiero la vida que tengo, trabajo como docente en una escuela técnica estatal, no estoy recibida del profesorado; hace 11 años que me estanqué en el estudio y no puedo avanzar. Es igual que cuando mi madre murió, estaba cursando el bachillerato cuando ella entró en fase terminal, a mis 19 se fue. y todavía debía materias, intenté salvarlas por años pero fue inútil, terminé recién a los 35 años. De ahí que me inscribí en todas las carreras terciarias que se me ocurrieron, y terminé por elegir el profesorado de matemáticas, cursé por un año y al siguiente revalidé las asignaturas aprobadas y cambié al profesorado de Español, sin contar mis incursiones por Facultad de Humanidades.

En lo personal, tras varios fracasos amorosas, porque tengo la mala costumbre de relacionarme con las personas equivocadas, conocí al padre de mi hija, para ese entonces tenía 39. Estamos juntos hace más de 10 años, él adicto y yo maníaca depresiva, una combinación un poco inconveniente, bastante inconveniente. Ya que para empeorar las cosas, tiene dos hijos de una pareja anterior;  se vuelve a repetir mi desastrosa manera de complicarme la vida. Diré que hasta el momento de mi embarazo, a pesar de todo la pasábamos muy bien juntos, pero fue enterarme de que iba a tener una hija, mi libido desapareció paulatinamente, y con el pasar de los años se acentuó cada vez más la falta de deseo.

Vivimos con mi padre y su mujer, hasta que papá falleció en el 2018, mi hija tenía 4 años; luego mi madrastra resuelve irse a vivir a su país, Argentina, después volvió y luego se volvió a ir. Al momento en que ella tomó la decisión de irse, nos mudamos a un apartamento chico para nosotros tres, porque además es lo que puedo pagar con mi sueldo, ya que él no tiene trabajo estable, entonces comenzamos una vida de familia, con muchas carencias pero nuestra, con nuestras propias reglas.

 En ese momento aparece la epidemia de COVID, en estas idas y vueltas mi madrastra porque prácticamente la echaron de Corrientes, pasó la pandemia con nosotros, lo que nos generó una gran incomodidad, sobre todo para mi hija al punto que derivó en que  terminara haciendo terapia psicoanalítica, el año pasado, por tener que compartir su pequeño dormitorio con la abuela y conflictos con mi autoridad de madre. Ella reclama su lugar y yo no tengo recursos para acceder a una casa más grande. Sé que no estoy haciendo bien las cosas con ella y siento culpa.

 Mi marido encontró una forma de sacar rédito a tanta incomodidad, dio tanta manija que mi madrastra nos compró un auto, viejo pero anda.

En resumen  tengo un estado de incomodidad bastante agudo, no siento deseos ni tengo sexo con mi marido de forma normal desde hace casi 8 años, es siempre forzado. Él también está deprimido y  reclama constantemente mi falta de atención a la pareja. Es que ya no siento deseos por él y tampoco me siento bien con migo misma, después del embarazo engordé 10 kilos que nunca más bajé. Y no me imagino teniendo relaciones con otra persona, no podría. Mi vida como mujer sexuada terminó al tener a mi hija. 

En cuanto a la convivencia con él se hace difícil, es acumulador y yo tengo la necesidad de vaciarme de las cosas viejas que solo ocupan lugar y él en cambio se aferra a cualquier cosa, hasta de un ticket de compra.

Mi hija se mudó al comedor porque no soporta dormir con la abuela, y  me sigue reclamando su cuarto y otras cosas,  además está pasando por una pubertad precoz , y no sé cómo manejarlo. La llevé a la endroquinóloga y me sugirió un tratamiento a dos años con hormonas muy doloroso para la niña. Mi marido y mi hermana me dijeron que podría ser arriesgado, que lo pensara bien y que averiguara por los efectos secundarios que podría generar en la niña, quizá fuera mejor no hacerlo y que la naturaleza fluya.

Me siento mal porque no puedo solucionar estos temas, estoy condicionada por mi trabajo y mi sueldo y siento que estoy dañando a mi hija, que no estoy haciendo lo que se debe.

Tampoco soporto que la abuela viva con nosotros, pero su presencia facilita varias cosas, sobre todo en lo económico. Lo más grave de todo esto es que está muy grande y el último año su salud comenzó a deteriorase por problemas respiratorios y cardíacos y esto va de mal en peor. 

 A parte mi frustración, por no haber culminado el profesorado, me hace sentir que soy un fraude, una fraude ante mis estudiantes, porque vacilo, dudo, soy un desastre. Y con la reformulación educativa me siento más perdida aún.

Quisiera exorcizar mi vida, poder sacarme las mochilas que fui acumulando a lo largo de todos estos años, liberarme de tanta carga, y tengo temor de mí,  me siento igual que cuando murió mamá, lo único que me mantiene sobreviviendo es mi hija, si sigo con vida es por ella. No puedo abandonarla, es mi responsabilidad, no debo hacerlo porque yo la traje a este mundo y tengo que formarla para que crezca sana, fuerte y tenga herramientas para que haga su camino sin mí.

y entonces yo seré libre de toda atadura...

Pero no me creo capaz de lograrlo...



Comentarios